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La Visión desde la Ventana10 Jun 14 - 14:00 ![]() Por Mayra Castañeda En este momento de profundos cambios en la educación en Chile, donde están dando marcha atrás con el modelo de lucro que les heredó Pinochet y que ningún mandatario posterior se atrevió a modificar hasta ahora que Bachelet, en su segundo mandato, ha estructurado diferentes decretos que culminan con el lucro, el copago y convierten a las instituciones de educación básica en gratuitas y por tanto accesibles a miles de niños y jóvenes; reviso esta nota que escribí el año pasado y me parece inverosímil que en México emprendamos un camino que ya Chile demostró, durante décadas, que no funciona, por eso me permito recuperarla:
Estando en Medellín, Colombia, durante un paseo por la ciudad un colega chileno notó una caída de agua que los anfitriones colombianos no habían notado, igualmente yo descubrí cosas gracias a mi visión foránea, que me parecían extraordinarias y en algún punto del trayecto expresé “todos deberíamos ser extranjeros”. Unos días después, Carlos Calvo, en su alocución durante el Congreso al que fuimos invitados, habló del asombro y de la importancia del descubrimiento. Durante mi estancia en Santiago de Chile, con esta mirada extranjera, puedo descubrir un sistema educativo voraz, empresarial, implacable, ceñido a las leyes de la oferta y la demanda, con un hambre de lucro que parecería insaciable. Estoy justo en la época en que todas las instituciones de educación superior se lanzan sobre los candidatos a estudiantes como si se tratara de quedarse con la rebanada más grande el pastel… y es justo eso lo que se pretende. El Ministerio de Educación se erige como juez y árbitro alrededor de prácticas de captación universitaria; intenta posicionarse como una figura neutral, casi aséptica, pero después del escándalo del cierre de dos universidades eso parecería una empresa titánica, casi imposible. Me reúno con la decana de una prestigiosa universidad y me hace un comentario que llama poderosamente mi atención: “el Ministerio nos ha pedido recibir a los estudiantes de la Universidad del Mar, pero no podemos hacerlo porque los puntajes de los estudiantes son muy bajos”. ¿Qué tan buena calidad puede tener una institución que sólo acepta a los “mejores” alumnos? Esa misma discusión ha surgido una y otra vez en torno a instituciones como el Tec de Monterrey y desde hace algún tiempo, la UNAM; quienes se quedan con los más altos promedios, los estudiantes que han demostrado su adaptabilidad con éxito al modelo académico, que, cabría mencionarlo, no siempre son los que obtienen logros importantes al salir al “mundo real”. Y en este atisbo que tengo desde una ventana muy lejana, con una visión muy encuadrada en mi contexto marcado por una realidad particular con instituciones superiores públicas (esta figura aún es un tanto difusa para mí pues aquí también hay algunas nombradas de este modo pero tienen un esquema de funcionamiento totalmente diferente al mexicano pues no reciben un subsidio como tal sino que su operación es similar a las escuelas privadas) que se ven rebasadas por la alta demanda e instituciones privadas que se pelean el mercado pero que constituyen un sector muy heterogéneo, poco regulado y con conceptos, significados y constructos muy separados de los chilenos.
Tal pareciera que en México queremos copiar el sistema chileno, hay muchas voces clamando por ello e incluso han partido delegaciones enteras para tratar de desentrañar el supuesto “éxito” del modelo chileno que no es otra cosa que el desistimiento (encubierto) del Estado de una de las obligaciones fundamentales que por mandato constitucional se le confiere a proporcionar educación suficiente, gratuita y de calidad para la población en su conjunto y si no ¿para qué subsidiamos de diversas formas, uno de los sistemas político-gubernamentales más costosos del mundo? Eterna pregunta que muchos nos hacemos desde diferentes trincheras y que quizá todo se resuma en la famosa frase: “Vivimos en el país de no pasa nada”. | |
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